Menos de lo que parece: una hoja impresa y el teléfono que el huésped ya lleva encima. Un QR es una imagen estática que contiene una dirección web: ninguna app que descargar, ningún lector especial, ninguna conexión particular. Desde 2017 la cámara del iPhone los lee sola, y en Android llegó poco después. El trabajo de verdad no es técnico: es decidir qué encuentra el huésped del otro lado, e imprimir los carteles de modo que se lean.
Los QR los genera el panel, uno por unidad, sin ningún servicio externo: hasta mediados de agosto se los pedíamos a un generador de terceros, ahora los dibujamos nosotros. La dirección de tu establecimiento no pasa por nadie más, y los códigos no dejan de funcionar si ese servicio cierra.
Desde el panel descargas un PDF ya maquetado: eliges de cuántos centímetros debe ser el QR, y la hoja te dice cuántas etiquetas caben y cuántos folios hacen falta antes de imprimir. Debajo de cada QR escribes la frase que quieras — «Escanea para ver el menú», «Desayuno en la habitación» — distinta por grupos de habitaciones. Los PNG siguen ahí en un único zip, para uso digital. La misma herramienta está en el panel del personal, porque quien imprime los carteles suele estar en el mostrador, no en casa.
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